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domingo, 19 de junio de 2016

Beautiful sentence

   Traigo hoy un fragmento de Nietzsche: «La "razón" en la filosofía», de «Crepúsculo de los ídolos». Nietzsche utiliza un léxico y una sintaxis que son, cuanto menos, curiosos, y en muchas ocasiones, bellos.
   Sin más dilación, cito:

"Que el artista estime más la apariencia que la realidad no es ninguna objeción contra esta proposición. Pues «la apariencia» significa aquí la realidad una vez más, sólo que en una selección, en una intensificación, en una corrección... El artista trágico no es ningún pesimista, —dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco..."

domingo, 20 de marzo de 2016

Beautiful sentence #3

   Cuando comenzó el litigio entre los creadores de The Pirate Bay y los agentes de la ley (for the lack of a better expression), uno de los primeros contestó a una acusación con un comunicado público que contenía la frase que traigo hoy. No me pronuncio respecto a su caso, pero debo admitir que una de las frases ganó mi corazón, con esa ternura y esa sutileza y esa elegancia. Está al final de la carta, por lo que cito la frase junto a la despedida. No tiene desperdicio. Ahí va:


It is the opinion of us and our lawyers that you are fucking morons, and that you should please go sodomize yourself with retractable batons.

(...)

Go fuck yourself.

Polite as usual,
anakata.

martes, 1 de marzo de 2016

En extrañas cosas moro (Alejandra Pizarnik)

   Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso.

viernes, 5 de febrero de 2016

(Gustavo Adolfo Bécquer - Rima XXIV)

Dos rojas lenguas de fuego
que, a un mismo tronco enlazadas,
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama;

dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan;

dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata;

dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y al juntarse allá en el cielo
forman una nube blanca;

dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,
eso son nuestras dos almas.




(Love of Lesbian - Incondicional)

Tiempo atrás no había cánticos,
tan sólo obstáculos, y el premio continuar.
Y sólo él, su unilateral seguidor,
incluso se inventó un himno personal.

Yo seré tu euforia y tu incondicional,
sí, quizás importa ser tu incondicional.

Cuenta atrás, por fin llegaste aquí,
y aquella sola voz son cien mil gritos más,
y notarás sobrenatural pálpito,
tus propios ánimos son ya su música.

Yo seré tu euforia y tu incondicional,
sí, quizás importa ser tu incondicional.

Qué extraña que es la situación,
probablemente encontraste al fin tu sitio.

Yo seré tu euforia y tu incondicional,
sí, quizás importa ser tu incondicional.
Yo seré tu euforia y tu incondicional,
sí, quizás sí importa ser tu incondicional.






jueves, 14 de enero de 2016

(Diarios de Alejandra Pizarnik)

24 de junio.

Yo debiera pintar. La literatura es tiempo. La pintura es espacio. Y yo odio el tiempo y querría abolirlo. Pero ni la pintura. Hablo de poder expresarme en un arte que fuera como un aullido en lo oscuro, terriblemente breve e intenso como la muerte.






Nada más que decir.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Distance #5 (Weezer - Across the sea)

You are 18 year old girl
Who live in small city of Japan
And you heard me on the radio
About one year ago
And you wanted to know
All about me and my hobbies
My favorite food and my birthday 

Why are you so far away from me?
I need help and you're way across the sea
I could never touch you
I think it would be wrong
I've got your letter
You've got my song 

They don't make stationery like this where I'm from
So fragile, so refined
So I sniff and I lick your envelope
And fall to little pieces every time
I wonder what clothes you wear to school
I wonder how you decorate your room
I wonder how you touch yourself
And curse myself for being across the sea 

Why are you so far away from me?
I need help and you're way across the sea
I could never touch you
I think it would be wrong
I've got your letter
You've got my song 

At 10 I shaved my head and tried to be a monk
I thought the older women would like me if I did
You see, ma, I'm a good little boy
It's all your fault, momma, it's all your fault
Goddamn, this business is really lame
I gotta live on an island to find the juice
So you send me your love from all around the world
As if I could live on words and dreams and a million screams
Oh how I need a hand in mine, to feel 

Why are you so far away from me?
Why are you so far away from me?
I could never touch you
I think it would be wrong
I've got your letter
You've got my song
I've got your letter
You've got my song

sábado, 10 de octubre de 2015

Poema XX (Pablo Neruda - Veinte poemas de amor y una canción desesperada)

Puede que un gran tópico, pero al mismo tiempo imprescindible en este rincón de palabras.





Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

(Bhagavad Gita: Chapter 11, Verse 32)

(Slightly versioned from the original, in Hindu, similar to J. R. Oppenheimer's quotation)

If the radiance of a thousand suns
were to burst into the sky
that would be like the splendour
of the Mighty One,
and I am become Death
the Shatterer of worlds

Vishnu, as Krishna

jueves, 10 de septiembre de 2015

(Charles Bukowski - La chica más guapa de la ciudad)

  Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas.
  Cass era la chica más guapa de la ciudad.
  Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos jamás podrían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una máquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.

  Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no se sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: “No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas… todo fachada y nada dentro…” Tenía un carácter rayano en la locura; un carácter que algunos calificaban de locura.



  Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía, por el contrarío, realzarla.

  Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.

– ¿Tomas algo?
– Claro, ¿por qué no?

  No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión. Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.

– ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
– Sí, desde luego. Pero hay algo más… algo más que tu apariencia…
– La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
– Bonita no es la palabra, no te hace justicia.

  Buscó en su bolso. Creí que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentí repugnancia y horror.

  Ella me miró y se echó a reír.

– ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?

  Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.

-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
– ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
– Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
– No te preocupes -dije yo.
– Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que quiera con ella.
– No -dije-, a mí me duele.
– ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
– Sí, me duele, de veras.
– De acuerdo, no lo volveré a hacer. Ánimo.

  Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo, acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
  Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
– ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
– Por la mañana -dije, y me di la vuelta.

  Por la mañana me levanté, hice un par de cafés y le llevé uno a la cama.
  Se echó a reír.

– Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche.
– No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por qué hacerlo.
– No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.

  Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor… Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.

– Ven, amor.

  Fui.

  Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.

– ¿Cómo te llamas? -pregunté.
– ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.

  Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.

– Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.

Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.

– ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
– Lo sabía.

  Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y siempre traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.

  Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.

– Esos hijos de puta – decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
– La culpa la tienes tú por aceptar la copa
– Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
– A mí me interesáis tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.

  Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.

– Vaya, cabrón, has vuelto.

  Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.

– Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza….
– No, no seas tonto, es la moda.
– Estás chiflada.
– Te he echado de menos -dijo
– ¿Hay otro?
– No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
– Sácate esos alfileres.
– No, es la moda.
– Me hace muy desgraciado.
– ¿Estás seguro?
– Sí, mierda, estoy seguro.

  Se sacó lentamente los alfileres y los guardó en el bolso.

– ¿Por qué destrozas tu belleza? -pregunté- ¿Por qué no vives con ella, sin más?
– Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes de ser feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
– Vale -dije-, tengo mucha suerte.
– No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
– Gracias.

  Tomamos otra copa.

– ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
– Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
– A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
– No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
– Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso

Salimos juntos, por la calle; la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.

  Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato, yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil, sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa…, de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido de cuello alto y la vi… Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.

– Maldita sea, condenada, ¿qué has hecho? -dije desde la cama
– Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?

  La arrastré a la cama y la besé. Me empujó y se echó a reír:

– Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto, no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
– Sí -dije-, no puedo parar de reír… Cass, zorra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.

  Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.

  Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando de su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.

– ¡Arriba, cabrón! ¡Tírate agua fría en la cara y en la polla y ven a disfrutar del banquete!

  Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos mucho. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así, abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente “No”. La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.

  Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me vio el encargado.

– Siento lo de tu amiga.
– ¿El qué? -pregunté.
– Lo siento. ¿No lo sabías?
– No
– Suicidio, la enterraron ayer.
– ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
– La enterraron las hermanas
– ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
– Se cortó el cuello.
– Ya. Dame otro trago.

  Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel “No”. Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad, muerta a los veinte años.

  Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé “¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CÁLLATE YA!”.

  Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.

lunes, 24 de agosto de 2015

Nota #2

 Por todos los cielos, no sé por qué no subí esta entrada la primera de "Nota". Ruego me disculpéis. En serio, creo que debería haberla subido antes. Es importante.

 Es la carta que Virginia Woolf escribió a su marido antes de suicidarse.

 Confío en que se entienda. No veo apropiado traducirla.


Dearest,

I feel certain I am going mad again. I feel we can’t go through another of those terrible times. And I shan’t recover this time. I begin to hear voices, and I can’t concentrate. So I am doing what seems the best thing to do. You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don’t think two people could have been happier till this terrible disease came. I can’t fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can’t even write this properly. I can’t read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that – everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can’t go on spoiling your life any longer.

I don’t think two people could have been happier than we have been.

V.

Nota #1 (March, 13, 1932)

 Left by George Eastman, when he was 77. He shot himself.

To my friends.
My work is done.
Why wait?



viernes, 14 de agosto de 2015

jueves, 6 de agosto de 2015

miércoles, 5 de agosto de 2015

Alone

"Eloí, Eloí, lama sabactani?"

Suicidio #2 (Y debería ser el primero. Quizá) (Radiohead - Creep)

When you were here before
Couldn't look you in the eye
You're just like an angel
Your skin makes me cry

You float like a feather
In a beautiful world
And I wish I was special
You're so fucking special

But I'm a creep, I'm a weirdo
What the hell am I doing here?
I don't belong here

I don't care if it hurts
I wanna have control
I want a perfect body
I want a perfect soul

I want you to notice
When I'm not around
You're so fucking special
I wish I was special

But I'm a creep, I'm a weirdo.
What the hell am I doing here?
I don't belong here

She's running out again,
She's running out
She's run run run run

Whatever makes you happy
Whatever you want
You're so fucking special
I wish I was special

But I'm a creep, I'm a weirdo,
What the hell am I doing here?
I don't belong here
I don't belong here

martes, 4 de agosto de 2015

Distance #2 (Plain White T´s - Hey There Delilah)

Hey there Delilah 
What's it like in new York city?
I'm a thousand miles away 
but girl tonight you look so pretty...
Yes you do 
Time square can't shine as bright as you 
I swear it's true 

Hey there Delilah 
Don't you worry about the distance 
I'm right there if you get lonely 
Give this song another listen 
Close your eyes 
Listen to my voice it's my disguise 
I'm by your side 

Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
What you do to me 

Hey there Delilah 
I know times are getting hard 
But just believe me girl 
Someday I'll pay the bills with this guitar 
We'll have it good 
We'll have the life we knew we would 
My word is good 

Hey there Delilah 
I've got so much left to say 
If every simple song I wrote to you 
Would take your breath away 
I'd write it all 
Even more in love with me you'd fall 
We'd have it all 

Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 

A thousand miles seems pretty far 
But they've got planes and trains and cars 
I'd walk to you if I had no other way 
Our friends would all make fun of us 
and we'll just laugh along because we know 
That none of them have felt this way 
Delilah I can promise you 
That by the time we get through 
The world will never ever be the same 
And you're to blame 

Hey there Delilah 
You be good and don't you miss me
two more years and you'll be done with school
and I'll be making history like I do 
You know it's all because of you...
We can do whatever we want to...
Hey there Delilah here's to you...
This one´s for you 

Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
Oh it's what you do to me 
What you do to me

lunes, 3 de agosto de 2015

A smile (Patrick Rothfuss - The Name of the Wind)

 But that would not be the truth. My heart did not pound or stop or stutter. That is the sort of thing they say happens in stories. Foolishness. Hyperbole. But still...

 Go out in the early days of winter, after the first cold snap of the season. Find a pool of water with a sheet of ice across the top, still fresh and new and clear as glass. Near the shore, the ice will hold you. Slide out farther. Farther. Eventually you´ll find the place where the surface just barely bears your weight. There you will feel what I felt. The ice splinters under your feet. Look down and you can see the white cracks darting through the ice like mad, elaborate spiderwebs. It is perfectly silent, but you can feel the sudden sharp vibrations through the bottoms of your feet.

 That is what happened when Denna smiled at me. I don´t mean to imply I felt as if I stood on brittle ice about to give way beneath me. No. I felt like the ice itself, suddenly shattered, with cracks spiraling out from where she had touched my chest. The only reason I held together was because my thousand pieces were leaning together. If I moved, I feared I would fall apart.